Sobre la terapia
Vamos a empezar con que escribir en mi viejo blog, el cual me ha tenido tanta paciencia y ha permanecido a través del tiempo desde 2011, en un mundo en donde ahora estamos inundados de mamadas con IA...es un soplo de aire fresco. <3 Es una verdadera terapia.
Ahora, quiero descargar lo que ocurrió en mi primera y unica terapia en lo que va del año, con quien considero alguien tan competente como mi querido doctor Picado. Raquel, estarás en mi corazón por siempre. Dicho esto, lo que procederé a desarrollar lo haré a través de extrañas metáforas que espero solo poder plasmar en palabras y a la vez dejarlas aquí para la eternidad, o lo que dure Blogger al menos. Lo que quiero es simplemente satisfacer a mi corazón.
Fui buscando una especie de alivio por toda la ansiedad que me generaron los últimos encuentros en sesión como terapeuta de M. M es un paciente con ideación suicida y con un trastorno depresivo que claramente no arreglaré en diez sesiones. Pero estaba tan agobiada con todas las posibilidades que terminé por pedir ayuda con mi tarjeta de crédito (hehe). Y el destino me trajo a Raquel. Raquel tuvo un estilo muy similar al que considero que desarrollo en mis propias terapias. Por lo que la conexión fue instantánea y la confianza igual. Lo primero que Raquel me hizo ver fue que mi miedo no era por lo que le fuera a pasar a M, era lo que me fuera a pasar a mí si le pasaba algo a M. Me contó que en sus prácticas perdió a su primer paciente y como este solo tenía siete años.
Ahí ya se me estaba yendo el alma a los pies. ¿Siete años? Joder, como habría sido. Yo no estaría segura de haber seguido. Y entonces siguió la confrontación: Me dice "¿Sabes cuántos psicólogos se retiran cuando pierden a sus pacientes?". Y entonces ahí empecé a notar algo: La forma en que deberíamos tomar la muerte en nuestros procesos. Lo cual también me dió escalofríos. Cierta amiga, equivalente a mi Johnny Storm, no dudó en decirlo: Si alguien va a matarse lo va a hacer. Si alguien va a tu consulta y sale no tienes garantía de nada. Y eso se unió con lo otro. Para entonces ya había hecho todo lo humanamente posible por esa persona.
Entonces Raquel alistó lo que yo llamo "el escopetazo". Sencillamente me dice "Entonces ¿Si entiendes que solo eras una niña cuando te dieron toda esa responsabilidad que no te correspondía?". Una parte de mi sintió como calentito el pecho, como cuando alguien te reconforta y te da una caricia. Y la otra parte se conflictuó porque para ella ni era una niña ni me tocó ninguna carga. La cosa es que en el curso de la terapia, ganaron Raquel y sus palabras, haciendome ver como aun sin mala intención, ciertos adultos dejaron cosas a mi cargo. Ahora si, no estaba sola, obviamente, y gracias Dios jamás estuve sola en esos momentos, pero Raquel tenía razón, si sentía una responsabilidad inmensa que no debí sentir y una frustración que pesaba como mil toneladas.
Y aún lo hace. Solo que gracias a ella soy consciente de ello.
Entonces hizo un ejercicio conmigo del que me pidió no hablar. Pero el punto es que aquí tuve que hablar prácticamente con todo el mundo (de forma metafórica), (???). Dije ciertas cosas que siempre había pensado pero no había verbalizado en voz alta. Cosas como que no me habían protegido, o como que los veo como son en realidad. Pero quiero destacar la más importante y ese momento que en parte he atesorado y acariciado desde las últimas semanas.
Ella me pidió repetir ciertas frases, sin cambiar absolutamente nada. Pude reconocer que solo era una niña, y que no debía hacer nada perfecto, que soy alguien maravillosa y que puedo protegerme a mí misma, tal y como protegí (o traté) a mis hermanos. La parte de "a ningún hijito mío le pasará algo así y hasta ahora no ha sido así" me partió el corazón. Pero cuando tuve que decir que ahora yo estaba ahí para cuidarme y que el lugar en donde estaba era un lugar seguro en mi corazoncito surgió una oleada de paz. Me imaginé a mí misma hablando con una versión más pequeña de mí, o al menos esa versión medio desorientada e ingenua que recuerdo. Pero no solo no era yo con mi traje de mí hablando. Por alguna razón me imaginé vestida de uno de esos ronin como la de Ghost of Yōtei. Así, en amarillo, con venditas en las manos, con una especie de katana y un gran sombrero, pero mirandome a mí misma con ternura. Ya sé que estaba teniendo una especie de imagen que solo tendría Orihime Inoue, pero no me interesa, es la segunda vez que siento algo así.
La primera vez fue en la universidad, justamente cuando me enseñaban sobre el mindfulness y a su vez hacíamos ejercicios que me ayudaron con mi autoestima, leyendo El caballero de la armadura oxidada. Fue la primera vez que me imaginaba como alguien con una apariencia distinta. Y sonará loco, pero me ayudó verme así.
Lo mismo aquí. Siempre antes de un momento de tensión me recuerdo cuando Harry Potter le dice a Slughorn "Sea valiente, valiente como mi madre", o me digo cosas como "Tu eres tú", aunque eso me da algo de presión ahora que lo pienso. Sin embargo, si puedo recordarme quien soy sin sentir que debo hacerlo todo. Ese ronin que imaginé sonreía, estaba herido, significa que se equivocaba, que dudaba pero también seguía adelante. Y me gusta eso. Me gusta la idea de ser valiente, pero tener el derecho a dudar, a equivocarme, a aprender y a seguir. Y quiero seguir haciendolo así.
Mañana empiezo mi corta semana laboral de 3 días. Quiero ser ese ronin que sabe lo que hace, que ayudará hasta donde puede, que estará en guardia pero también tendrá tiempo para una sonrisa dulce y para seguir peleando.
Y esto fue lo que Raquel hizo por mí. Recordarme un poco quien soy y cual es ese estilo mío que me caracteriza.


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